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jueves, 18 de agosto de 2011

Joshayley I.

El día la abordó como una tormenta; simplemente no podía evitarlo. No. La verdad, es que sí podía hacerlo. Pero, ¿Cómo evitar a la vez, arruinar el sueño de ella? Al fin y al cabo, ya todo había terminado. Fue su propia sentencia. Mutua. Unánime. No funcionaba. A pesar de que se amaron como nunca antes habían amado a alguien en la vida. Y ciertamente, como nunca lograrían amar a alguien otra vez. Lo fue todo. Fue lo más hermoso que había vivido. Las canciones, las sonrisas, los eternos segundos que duraba una mirada, mientras los ojos de ambos entendían el fondo de los ojos del otro. La adrenalina. El hecho de tener que pasar desapercibidos, aunque todo el mundo lo sabía. Las fotografías y los momentos que nunca serán olvidados gracias a estas. Aquellas en las que solo se hallaban uno junto al otro. A veces se contemplaban por horas. Las sonrisas dirigidas hacia la nada, con tal de no encontrar la mirada del otro y caer rendidos. Él besando tiernamente la cabeza de ella, mientras esta procuraba entender lo que el entrevistador le preguntaba. ¿Qué se siente ser una de las bandas más famosas del último tiempo? Ella solo podía pensar en que un frío eléctrico atravesaba sus brazos y su cuerpo. Trataba de resistir los calosfríos. Aunque no pudo evitar sonrojarse.
- ¿Estás segura de que es lo correcto?
- Já – rió ella con resignación, mientras su mirada alcanzaba el suelo bajo sus pies - ¿Porqué no habría de serlo?
- Hayley, ambas sabemos a qué me refiero.
- No, no eso ya acabó. Me invitó. Debo ir – continuó mientras daba los últimos retoques a su cabello rojo. Una falda oscura y una blusa blanca bastarían. Si fuera por ella, se vestiría para un funeral. Si escuchara sus pensamientos lo haría. Pero siempre actuaba como si no vinieran de sí misma.
- ¿Estarás bien?
- Sí mamá, voy a estar bien – dijo, luego tomo su pequeña cartera, besó la frente de su madre y salió por la puerta. Subió al automóvil, y apretó el volante con todas sus fuerzas. Como esperando una respuesta. Se miró en el espejo retrovisor y encontró esos ojos. Aquellos que se encendían con la más mínima mirada. Esos ojos cómplices, adolescentes, infinitos y enamorados. Ahora empañados por un par de años y la distancia. Por el convivir mirándose, sin decir nada.
La verdad era extraño escribir canciones inspiradas en la persona que tienes al frente. Lanzar una frase al azar y luego ver esos ojos. Sin saber si te reprueban, o si esa frialdad significa una estocada. Fría y sin piedad. Quizás eso trae la reprobación. El enojo por hacerte vulnerable. Pero él solo seguía tocando la guitarra; y ella jugaba a creer que él no lo había notado.
Esos recuerdos empañaban con imágenes, los ojos de ella. Así que pestañeó un par de veces, sonrió tristemente para disfrazar ante sí misma lo que sentía, y arrancó el motor. Esa maldita manía de mentirse a sí misma.
No podía evitarlo, las lágrimas corrían por su rostro como si tuviesen vida propia. Y era inevitable. La piel le ardía, pero no pretendía dejar el volante para secarlas.

Llegó al lugar indicado en el parte, y descendió de su auto. Caminó hacia donde se encontraba, inclemente ante el paso de los años, aquella cúpula que se alzaba hacia el cielo. Miró hacia el fondo de todo, y vio a centímetros de sus pies un césped perfecto. No podría poner sus zapatos encima de este; así que los tomó entre sus manos que aún temblaban, y caminó descalza hacia aquella gran puerta que la esperaba abierta de par en par.
Antes de llegar miró el cielo por última vez, invocando clemencia, pidiendo una segunda vida para volver el tiempo atrás. Se inclinó y puso los zapatos en sus pies otra vez.
Ya había secado sus lágrimas, había ensayado una sonrisa y estaba lista para entrar.

- Josh
- ¿Qué? – preguntó él al final de una sonrisa, mirando a su hermano Zac que se encontraba algo complicado.
- Hayley está aquí.
El gesto de Josh cambió. Sus ojos pasaron de la felicidad a la nostalgia. Dirigió su mirada a la gran puerta de entrada y la encontró ahí, parada tras una multitud inquieta y llena de júbilo por la ocasión. Ella permanecía en aquel lugar, mirando como perdida, tratando de entender porque había ido, en vez de inventar alguna excusa.
- Hola – saludó la chica a varios conocidos, ya habiendo adoptado su sonrisa de siempre. Se quedó unos segundos hablando con una chica llamada Taylor, también cantante, que conocía hace un tiempo. De pronto la chica decidió salir y Hayley volteó hacia el frente.
- Hay… hola.
Fue lo primero que encontró. Entonces reconoció frente a ella los mismos ojos que había visto en el retrovisor de su auto unos 20 minutos antes. Ahí estaba Josh, con su cabello como siempre, sus ojos grandes y oscuros que brillaban como todos los días al despertar, y vestido de negro para la ocasión.
- Hola, Josh – dijo Hayley, con su sonrisa de papel derrumbándose de a poco – así que, te casas hoy.
Eso era todo. Josh, se casaría. Con Jenna.
- Así parece – dijo él sonriendo forzadamente.
- Y, ¿Estás nervioso?
- Un poco, toda esta gente me pone impaciente – dijo el novio, y luego ambos sonrieron.
Se miraron algunos segundos, ella preguntándose por qué él hacía esto, y él por qué ella no lo detenía.

Joshayley II

- ¿Qué estás haciendo? – preguntó Hayley, sentándose a su lado.
- Trato de componer algo – respondió Josh, mientras apartaba los ojos de su guitarra para observarla a ella.
- ¿Y?
- Vino una idea y luego alguien me interrumpió – dijo él. Luego la miró, sonrió y la beso tiernamente en los labios.
- Perdón – dijo Hayley.
- No importa, no era nada – dijo Josh, y luego dejó la guitarra descansando en el suelo alfombrado – Ven – continuó, mientras se reclinaba hacia atrás en el sofá, y Hayley a su vez, se apoyaba sobre él.
- Josh…
- Hay…
- Te amo – dijo ella
- Yo también te amo – respondió él.
- Y, quiero pedirte algo… – dijo Hayley incorporándose y mirándolo a los ojos – no me dejes, nunca.
- No lo haré.
- Quiero que esto dure para siempre.
- Te prometo, que nunca he de dejarte.
Entonces él la miró a los ojos, y ella sintió que se perdía. Entonces ella lo miró a los ojos, y él sintió que nunca amaría a alguien más que no fuese esa chica de cabello rojo.

- Esto… ¿Dónde están los chicos?
- Ah, Jeremy está por allá, Zac se está preparando y Taylor aún no llega – respondió Josh, despertando de un sueño eterno color esmeralda.
- Ah, de acuerdo. Entonces… te veo luego – dijo ella, con una sonrisa que ya no funcionaba, y los ojos empañados otra vez.
- OK – dijo él, con la misma actitud.
El tiempo se hacía interminable, hasta que una hora después, las puertas de la iglesia se cerraron, todos tomaron asiento, y comenzó el fin.
- Hayley, ¿Estás bien? – preguntó Taylor, su amiga cantante de cabello rubio y rizado.
- Sí, sí. Es solo que… no lo sé – dijo la chica, sin saber que responder.
- Dilo – dijo Taylor.
Ambas sabían perfectamente a que se refería.

Joshayley III

La boda transcurrió entre pasajes de La Biblia, sonrisas de alegría, y el frío que Hayley sentía en su corazón; aquel que aumentaba a medida que el padre se acercaba más a “esas” palabras. Ella sentada a la izquierda de la iglesia, intentaba no prestar atención la escena. Trataba de enfocar la atención en sus manos. Temblorosas. Llenas de miedo. Mirando con una especie de resignación aquel anillo que descansaba sobre su dedo anular derecho, y que en algún tiempo más la tendría en un lugar como ese.

- ¡¿Qué está pasando contigo?! – preguntó ella
- ¡Eso te pregunto yo! – respondió él casi gritando y con los ojos nublados.
- Josh, no entiendo. No podemos estar todo el tiempo así, de pelea en pelea. – dijo ella con los ojos al borde del llanto.
- Entonces preocúpate de esto. Por nosotros, por mí.
- ¿No es eso lo que hago?
- Casi no hablamos, y todo lo demás se trata de las giras. Sabes que te amo con mi vida, pero no puedo seguir enamorado de alguien a quién no le importa que esto esté cayendo hacia la nada.
- Si me importa. Tú me importas.
- No lo parece.
- ¿Qué esperas que haga? – preguntó ella, con la voz anudada en la garganta y pequeños cristales que comenzaban a caer fríos y violentos por sus mejillas.
- Que vuelvas a ser aquella chica de la que me enamoré.
- Creo que hemos crecido, Josh.
- ¿Esa es una excusa?
- No, pero creo que si quieres vivir otra vez el pasado, no vamos hacia ningún lado.
- ¿No? – preguntó él mientras una gota de recuerdos se dejaba caer de sus ojos.
- No. Creo que será mejor que aprendamos a vivir nuestras vidas y luego intentemos ser lo que éramos.
- Bien, entonces aquí acabamos.

Joshayley IV

Se voltearon para verse el uno al otro. Josh a la derecha y su novia a la izquierda.
- Jenna, aceptas a Joshua Neil Farro como tu legítimo esposo…
Eso fue lo único que escuchó antes de que sus oídos, dejaran de oír las solemnes palabras del padre. Su corazón despertó de la agonía y comenzó a latir muy fuerte.
- Sí, acepto – respondió la novia, con los ojos cristalizados en la emoción.
- Josh, ¿Aceptas a Jenna Rice como tu legítima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?
Su corazón dejó de latir. Lo miró a los ojos, sabiendo que él no podría hacer caso omiso de esto.
Josh la miró, parpadeó, dijo adiós a todo, volvió sus ojos hacia el padre y respondió:
- Sí, acepto – luego miró a la novia y le sonrió.
Hayley ya no podía soportarlo. Aquellas dos palabras, ínfimas conjugaciones, habían caído sobre ella como cuchillos de hielo. Su corazón latía lentamente, como dando los últimos suspiros. Miró el suelo y cerró los ojos.
Los novios dijeron sus votos y sellaron todo con los anillos, mientras no dejaban de mirarse llenos de ansia.
- Si alguien desea oponerse a este matrimonio, que hable ahora o calle para siempre – fueron las palabras del padre.
Todos miraron a su alrededor, buscando alguien que decidiera ponerse de pie e impedirlo todo. Inevitablemente, dirigían su mirada entre idas y vueltas hacia Hayley, quién aún permanecía con sus ojos cerrados.
- ¿Hablarás ahora? – le preguntó al oído Taylor. Hayley abrió los ojos y los dirigió a Josh, quién la observaba con nostalgia y confusión.
- ¿Nadie? Está bien. Entonces bajo la mirada de Dios y frente a todas las personas aquí presentes, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.
- Disculpe – dijo Hayley, tratando de escapar de ahí, pasando con rapidez entre la gente. Salió por un pórtico del costado, al patio; y logró respirar otra vez.

Sintió que sus compañeros felicitaban a alguien y abrían una botella champaña. Así que dejó el notebook sobre su cama y se dirigió a la sala del autobús.
- ¿Qué ocurre, porqué están todos tan felices? – preguntó Hayley con una sonrisa.
- Ten – dijo Jeremy mientras ponía en su mano una copa de champaña burbujeante, recién servida.
- Tenemos una gran noticia – dijo Zac
- Ah que bien, ¿Cuál es? – preguntó la chica emocionada
- Dile tú, Josh – dijo Zac
- No, no. Creo que después.
- Vamos, dile – insistió Jeremy
- Dilo. ¿Cuál es la buena noticia? – preguntó otra vez Hayley, mientras Josh no sabía cómo enfrentar el momento.
- Bueno. Lo que ocurre es que Josh, va a casarse son Jenna.
- ¿Qué? – preguntó Hayley con el rostro muy pálido. Josh, solo la miraba.

Era capaz de dejarlo ir para que fuese feliz. Era capaz de renunciar a lo que sentía, por su propia determinación.

Joshayley V

Los novios salieron, mientras todos lanzaban sobre ellos una lluvia de pétalos de rosa. Luego todos se dirigieron a un costado de la iglesia, donde el césped era más verde que de costumbre, y se encontraba instalada una enorme cubierta de lona blanca, bajo la cual había mesas, un escenario, músicos, y todo lo que hay en una boda.

Se encontraba con una copa de vino en la mano, de pie en el límite entre la lona y el exterior, dándole vueltas a su cabeza y haciendo realidad recuerdos del pasado.

- Aquí estabas.
- Sí – dijo ella, y luego sonrió. Aunque no pudo evitar que sus ojos mostraran nuevamente su agonizante confusión – así que ya estás casado… Felicidades, Josh.
- Gracias, Hay – dijo él – ¿Te gusta la fiesta?
- Sí, mucho. Hicieron un trabajo espectacular junto a Jenna.
- De hecho, fue Jenna quien organizó todo. – dijo Josh, sonriendo – Hay, yo…
- No, tomamos nuestras decisión.
- Pero creo que a ninguno de nosotros, le hace feliz.
- De todos modos, ya no importa. Acabas de casarte, así que… supongo que seguiremos como hasta ahora.
- Yo… me di cuenta de que… Jenna, es genial.
- Sí que lo es.
- Es encantadora y divertida. La amo.
- Sí… - dijo Hayley, mientras trataba de mirar a otro lado.
- Pero… también me di cuenta de que, a ti… nunca podré olvidarte.
- Entonces, ¿Por qué no nos esforzamos para que funcionara?
- No lo sé, creo que fuiste tú quien dio la idea.
- Ninguno de los dos estaba dispuesto a cambiar.
- Pero nos amábamos.
- Sí… pero creo que no pudimos contra todo esto – dijo Hayley mirándolo a los ojos. – Ya no importa. Somos amigos. Te quiero mucho y espero que seas feliz con Jenna. Cada uno tomó su camino, y fue la mejor decisión.
- Eso creo – dijo Josh, confundido.
- Fue lo mejor, de eso no hay duda.- dijo Hayley y le sonrió
- Me sorprende que te importe tan poco – dijo él mirando el horizonte ya prácticamente extinto.
- ¿Eso crees?
- Sí.
- Podría haber detenido todo, ¿Y para qué? Lo intentamos, no funcionó. Supongo que funcionamos mejor como amigos. Era tu boda. No podía arruinarle este día a Jenna por cosas del pasado. Te quiero Josh – dijo Hayley, y besó su mejilla. – Adiós.
Dejó la copa sobre una mesa y se marchó. Josh estaba con Jenna. Ella tenía un novio también. La verdad era que Josh había sido el amor de su vida. Pero no podía refugiarse en el pasado por siempre. Así que solo subió a su auto y volvió a casa.